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Lectura Bíblica: Apocalipsis 6: 12-17

Versículo destacado: “…y la luna se volvió toda como sangre” (Apocalipsis 6:12)

Tema: La Luna de sangre

Comentario: El pasado viernes 27 de Julio 2018, vivimos un acontecimiento astronómico extraordinario: el eclipse lunar más largo del siglo XXI. Este fenómeno hizo que la luna se tiñera de un color rojizo intenso y captó la atención de todo el mundo.  Millones de personas pudieron ver en directo el extraordinario evento de “la luna de sangre” más allá del lugar del mundo donde estuvieran y quedaron fascinados por el impactante del suceso. Mientras la mayoría de las personas vio en este fenómeno un eclipse especial pero totalmente atribuible a las leyes naturales y sin una significancia especial; hay muchos otros que vieron este eclipse como una señal profética del final de los tiempos. Por eso, entre aquellos que no dan ninguna relevancia profética al asunto y aquellos que piensan que el Armagedón está a la vuelta de la esquina es oportuno que reflexionemos sobre lo que la Palabra de Dios dice al respecto. Ser indiferente o ser sensacionalista ante la realidad, no son opciones para un cristiano. El cristiano debe examinarlo todo y retener lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21). Después de todo, la Biblia dice que habrá un tiempo en que la luna se volverá como sangre y esto será en el período previo a la segunda venida del Señor Jesucristo a la Tierra. ¿Lo que vivimos ayer, significa entonces que “el fin” ha llegado? No saquemos conclusiones apresuradas y vayamos a la Palabra de Dios para estudiar el asunto. Al hablar del tema de la luna como señal profética, primero tengamos en cuenta que las Santas Escrituras no sólo hablan de que la luna se volvería como sangre en los últimos días, sino que también la misma sería oscurecida (Ezequiel 32.7; Joel 2.10; Joel 3.15; Mateo 24.29; Marcos 13.24; Lucas 21.25). Son más estos pasajes, que los tres donde se habla de la “luna de sangre” (Joel 2:31, Hechos 2:20, Apocalipsis 6:12). En Joel 2:31 dice: El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de El Eterno”. Podemos observar aquí que Joel no sólo habla de la “luna de sangre” como una señal del fin. El habla de una señal doble: el sol se oscurece y la luna se vuelve roja. Por otra parte, Hechos 2:20 está dentro de un sermón del apóstol Pedro. Allí, Pedro simplemente cita a Joel dando a entender que con la llegada de Jesucristo y la revelación del Evangelio los tiempos del fin ya han comenzado. Sí, estamos en los últimos tiempos desde el día de los apóstoles comisionados por Jesucristo en el primer siglo de la era cristiana. Una escritura muy interesante y que nos da más información sobre el tema de “la luna de sangre” es Apocalipsis 6:12. En la última parte del versículo 12 dice que la luna se volvió toda como sangre”. Muchos utilizan este pasaje para dar alarmas sensacionalistas o infundir temor en la gente cuando aparece una “luna de sangre” como la de ayer o la que ya hemos visto tiempo atrás. Pero  recordemos que siempre debemos analizar los contextos que rodean nuestro pasaje de estudio. Contextualizar los versículos bíblicos es fundamental a la hora de estudiar la Biblia y procurar comprender su mensaje. Por eso, no debemos saltar a conjeturas precipitadas sin leer con atención las Escrituras. Leamos, pues, Apocalipsis 6: 12-17: Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” 

Como hemos leído, “la luna de sangre”  sí es una señal profética; pero no cuando se da sola. Es decir, el Apocalipsis revela que habrá una serie de acontecimientos espectaculares correlacionados. La luna de sangre de Apocalipsis es precedida por  un gran terremoto y por el oscurecimiento del sol. También se mencionan otros eventos que acompañaran a la luna de sangre de los últimos días. Estos son: la caída de “estrellas”, el “desvanecimiento” del cielo, el “movimiento” (¿terremotos?) de todo monte y toda isla y el temor de toda la población mundial por los acontecimientos catastróficos que se estarán viviendo. Por lo tanto, viendo que ninguno de los extraordinarios sucesos que acompañan a la luna de sangre precedente al Día del Señor, han ocurrido el viernes 27 de Julio pasado – ni en días previos – no debemos temer y no debemos utilizar el suceso para amedrentar a la gente. Sin embargo, tampoco debemos ver lo que está ocurriendo con indiferencia y pensando que los eventos proféticos nunca van a ocurrir. ¡Sí, van a ocurrir! ¡Usted puede estar seguro de eso! ¡La palabra de Dios lo anuncia con total claridad! Pero, la realidad, es que no sabemos cuándo y debemos confesarlo con humildad. Sin embargo, deberíamos tomar con seriedad todo lo que estamos viviendo y darnos cuenta que el asunto es serio. ¡Es hora de volver a Dios y fortalecer nuestra espiritualidad! ¡Esto no debiera postergarse! Venga el fin o no. Porque la dilación del fortalecimiento espiritual sólo nos llevará a no estar preparados ante la llegada de tiempos apremiantes. La preparación espiritual lleva tiempo, no se logra de un día para otro y es mejor que ya empecemos a invertir en una disciplina de tal relevancia. Hace sólo unos años, nos preguntábamos cómo era posible que la luna pudiera convertirse en sangre. Hoy, la estamos viendo en vivo y en directo. Hace unos años, nos preguntábamos cómo era posible que el cielo o el sol se oscurecieran. Hoy, viendo la exacerbada actividad volcánica, sabemos que esto también es posible porque las cenizas pueden tornar el día en una larga noche e impedir que los rayos del sol lleguen a la Tierra. Y, hoy, no hay sólo algún volcán activo, hay muchos y hemos visto en las noticias como entran en erupción cada vez con más frecuencia. Hace unos años, no nos imaginábamos porque la gente pudiera tener miedo del rugir del mar (tal como anuncia la Biblia) ya que los tsunamis eran cosas de película. Hoy, sabemos por qué la gente está atemorizada al sentir rugir el mar o ver comportamientos extraños en las mareas y hemos visto desatarse la furia implacable de los mares. Nos faltaría tiempo para hablar de la frecuencia y potencia de terremotos cada vez más comunes y violentos, de inundaciones incontrolables en todo el mundo, de agujeros que aparecen en la tierra en distintos lugares de los cinco continentes y nadie sabe por qué, de huracanes y tifones desbastadores, de tornados arrasadores, de tormentas eléctricas y de arena increíbles, de olas de calor calcinantes, de heladas y nevadas exorbitantes, del deshielo polar y de los glaciares, de incendios incontrolables, de la suba del nivel de los mares, de la desaparición de lagos y lagunas, etc, etc. En fin, un gran drama apocalíptico de magnitud mundial parece estar preparándose ante nuestros propios ojos y sólo Dios sabe si nuestra generación o las venideras tendrán que enfrentarlo. Por ahora, no nos alarmemos, pero tampoco nos durmamos. Simplemente, dediquémonos a hacer lo que tenemos que hacer. Nuestro Señor Jesucristo nos mandó a velar, orar y prepararnos. Prepararnos, no para salir corriendo de los eventos que se avecinen, sino prepararnos espiritualmente a través de la fortaleza que da la constante comunión con Dios. Después de todo, ninguno sabemos cuál será nuestro último día. Pero, mientras tanto invirtamos en las cosas eternas y fortalezcamos nuestra relación con Dios. ¡Él sabrá preservarnos y guardarnos para su Reino Eterno!

¡Qué la gracia y la paz de Dios sea sobre su vida!

En Cristo, Julio Fernández