Spread the love

Lectura Bíblica: Salmos 8

Versículo destacado: “¡Oh Eterno, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!  Has puesto tu gloria sobre los cielos; …. ¡Oh Eterno, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” Salmos 8:1, 9

Tema: El Señor Dios majestuoso y poderoso.

Comentario: Uno de los nombres con el que se nos revela el Dios Creador en las Santas Escrituras es: “Señor”. Esta expresión es la traducción del antiguo vocablo hebreo “Adonai” (אֲדֹנָי, adonay) que pasó a usarse como nombre propio para Dios y se deriva del término “addon” que significa “señor”. Usado para designar a Dios describe el señorío absoluto y majestuoso del Creador. En el Nuevo Testamento, este nombre de Dios aparece unas 740 veces y es traducido del hebreo al griego con el vocablo “kyrios”(κύριος) que también designa la soberanía y potencia del Dios Creador. Este nombre de Dios significa: amo, señor poderoso, dueño de toda la creación, soberano Dios, maestro excelso y autorizado. La Biblia – tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento – deja muy claro que Dios es el gobernante todopoderoso y supremo del Universo. Él es el amo y el dueño de toda la creación; porque es Él, quien la ha traído a la existencia. Él es el Señor de señores, el Dios de “dioses” y el Rey de reyes. A nadie Él se sujeta, pero todos a Él deben sujeción y pleitesía. Es decir, todos deben al Señor Soberano Creador un acatamiento obediente a su voluntad y una sumisión reverente ante su gloria. Cuando la Biblia, llama a Dios: “El Señor” está diciéndonos que Él debe ser reconocido como el amo, el dueño, el líder máximo, la autoridad suprema y preeminente de toda la existencia. Nadie hay, ni hubo, ni habrá superior a Él. Ante este Señor Dios poderoso todas sus criaturas quedan expuestas como esclavas y súbditas, pues el Rey soberano y majestuoso rige sobre todo. Es por eso que, el Salmo ocho, comienza y termina con la misma declaración: “¡Oh Eterno, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!  Has puesto tu gloria sobre los cielos;….  ¡Oh Eterno, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” (versículos 1 y 9). Quien se acerca al Dios de la Biblia, sabe que está rindiendo culto al Ser más excelso de la existencia. Por eso, en este Salmo primero se clama ante Él reconociendo su señorío y, luego, se expresa la grandeza de un nombre que es más grande que toda la Tierra y toda la Creación. A continuación, veamos algunas Escrituras más que nos ayudarán a meditar en este nombre de Dios:

Deuteronomio 10:17   “Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas,  ni toma cohecho… “

Josué 3:11 “He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán”.

Josué 3:13  “Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Yavé, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón”.

Salmos  86:8-10  “Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, Ni obras que igualen tus obras. Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, Y glorificarán tu nombre. Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas”

Salmos  136:3  “Alabad al Señor de los señores, Porque para siempre es su misericordia”. Salmos 147:5  “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito”. Nehemías 4:14  “Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas”.

Daniel 2:47  “El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio”.

Miqueas 4:13  “Levántate y trilla, hija de Sion, porque haré tu cuerno como de hierro, y tus uñas de bronce, y desmenuzarás a muchos pueblos; y consagrarás a Yavé su botín, y sus riquezas al Señor de toda la tierra”.

Zacarías 4:14  “Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra”.

Malaquías 1:6  “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Yavé de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?”

Hechos 17:24 -25  El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanasni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Toda la Biblia nos enseña a reverenciar a Dios. Dios es Santo y es el Altísimo. Es el Señor Soberano de toda la Creación. Por eso, debemos referirnos a Él con cuidado y darle siempre sumo respeto y reverencia. Recordemos que, según la Palabra de Dios, el nombre de una persona revela su personalidad, su esencia, su naturaleza, su carácter. El nombre de Dios en el que hoy hemos reflexionado nos trae a la conciencia quién es Dios. Dios no es una cosa, un objeto, una fuerza impersonal o algún principio inicial que se ha perdido en el tiempo y el espacio. No, Dios no es un algo, ni tampoco está muerto. Dios es un ser real, viviente y autoexistente. Es un sujeto pensante, comunicante, existente, capaz de relacionarse y de expresar los más elevados sentimientos de amor, benignidad, gracia y misericordia. Dios es un ser personal que habita en la magnanimidad más altísima y cuya gloria, santidad y justicia es inalcanzable. Ese es nuestro Señor Dios. El Dios soberano que revela la Biblia. El Ser Supremo más excelso de la existencia. Nunca debemos jugar con su nombre, ni con su persona. Nunca debemos minimizarlo. Negarlo es negar la primera y mayor realidad. Reconocer su nombre es reconocer su persona. Es reconocer que Dios es quién dice ser. ¡Dios es el Señor Soberano y, si tal lo reconocemos, nuestro reconocimiento y reverencia a Él debe ser respetuoso, sincero, profundo, real y constante!

¡Qué la gracia y la paz de Dios sea sobre su vida!

En Cristo,  Julio Fernández