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Lectura Bíblica : 1 Pedro 2:1-11

Versículo destacado“…Además, son sacerdotes santos. Por la mediación de Jesucristo, ustedes ofrecen sacrificios espirituales que agradan a Dios” (1 Pedro 2: 5)

Tema: Los sacerdotes de Cristo.

Comentario: Pedro nos enseña que todos los creyentes en Cristo somos “sacerdotes santos” y “sacerdotes del Rey”. 1 Pedro 2: 8-9 dice: “…ustedes… son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa” Pero ¿qué es un sacerdote? Un sacerdote es alguien que representa al pueblo ante Dios, alguien que media entre la criatura y el Creador. Pedro dice que los cristianos somos mediadores entre la gente y Dios. También dice que somos una clase especial de sacerdotes: somos sacerdotes “santos”, es decir, sacerdotes separados y elegidos por Dios para cumplir con sus funciones. Y, por último, Pedro agrega que somos sacerdotes “del Rey”. Es decir, mediadores e intercesores que pertenecemos al Rey de Reyes y Señor de Señores, Cristo Jesús, el jefe de los sacerdotes, el Sumo Sacerdote eterno. Prestemos atención en que Pedro no dice que entre los cristianos haya una casta especial de líderes que deban ser llamados sacerdotes. Él no hace ninguna división entre los cristianos, sino que dice que TODOS los creyentes en Jesús somos sacerdotes de Dios. Ahora, bien ¿por qué se le llama sacerdotes a todos los cristianos? Porque los cristianos hoy cumplen las funciones de los sacerdotes de antaño. ¿Cuáles? Enumeremos algunas:

1) ADORACION: Los creyentes en Cristo mantenemos viva la llama de la adoración verdadera, en espíritu y en verdad, al Dios Altísimo. Nuestros cánticos, nuestra reverencia, nuestra gratitud, nuestra honra son todos tributos que debemos ofrecer al Creador. “Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre” (Hebreos 13:15, NTV)

2) ORACION E INTERSECIÓN: Hoy no realizamos complicados rituales externos. Hoy, por ejemplo, no necesitamos quemar incienso en nuestros cultos para agradar a Dios, pero si necesitamos elevar constantemente el “incienso espiritual” que satisface al Señor. Este incienso espiritual son las oraciones de los santos (Apocalipsis 5:8). Las oraciones de los hijos de Dios deben elevarse a los cielos repletas de agradecimiento, confesión, peticiones por otros creyentes y por personas que no conocen a Cristo. Estas oraciones deben ser fervientes, constantes, clamorosas y con fe.

3) PROCLAMACIÓN: En el Antiguo Testamento todas las ceremonias, rituales y dichos sacerdotales  proclamaban la santidad y la majestuosidad del Dios Altísimo. Hoy, ya no tenemos un culto basado en ritos, pero si participamos en un culto donde el velo se ha quitado y proclamamos abiertamente y con total claridad la majestuosidad de Dios y su plan para la humanidad predicando su Palabra viva y verdadera, tomada de la Biblia.

Habiendo sintetizado tres funciones de los sacerdotes, tengamos presentes que ellos no las cumplían en soledad o en forma privada o aislada. Fundamentalmente, los sacerdotes tenían una función comunitaria y una actividad pública. El lugar de realización de su trabajo era el templo no algún escondrijo olvidado y apartado. El templo era el centro de la adoración comunitaria y allí se juntaba la “nación sacerdotal” para cumplir su oficio. Nosotros, como sacerdotes de Cristo también hoy debemos cumplir con nuestras labores sacerdotales en forma pública. Esto se realiza durante nuestro culto público semanal, durante el servicio de adoración. No sólo asistimos al culto a recibir o a pedir. ¡Asistimos al culto público para cumplir con el oficio sacerdotal que, a cada uno de nosotros, nos delegó Cristo! Tenemos el deber de adorar, de agradecer, de confesar, de ofrecer sacrificios de alabanzas ante el Creador en forma comunitaria. Tenemos el deber de elevar el incienso de nuestras oraciones no sólo con nuestras propias peticiones personales, sino por las de toda la comunidad y junto a todos los demás sacerdotes. Tenemos el deber de proclamar y de recibir la Palabra fresca y vital que Dios tiene para darnos. ¡Qué Dios nos ayude mancomunadamente a cumplir el oficio sacerdotal que fuimos llamados a ejercer!

¡Qué la gracia y la paz de Dios sea sobre su vida!

En Cristo,   Julio Fernández