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Líderes corruptos que olvidan a Dios y que sólo buscan el beneficio propio en detrimento del bien común, siempre han existido. Sin embargo, la Palabra de Dios nos anima con el ejemplo de hombres que se convirtieron en luminarias de su época por seguir un liderazgo basado en principios y en los verdaderos valores. El rey Josafat fue uno de ellos…

Lectura Bíblica: 2 Crónicas 17: 1-6

Versículo destacado: “Y Yahweh estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales” 2 Crónicas 17:3

Comentario: Dentro de la nefasta historia de los reyes de Israel y de Judá, el rey Josafat es un caso especial. Él se destaca por haber sido un líder capaz de regresar a su pueblo al Dios verdadero y haber limpiado la nación de los ídolos. En tiempos difíciles de extravío y oscuridad espiritual, este rey se animó a ser distinto y, por fe, tomó buenas decisiones que deberíamos tomar como ejemplo al seguir el derrotero cristiano.

Josafat, señalaremos en primer lugar, anduvo en los caminos de Dios. Leamos el versículo 3: “y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales…”. Este rey fue distinto. No buscó la comodidad, el poder, el placer ni el lujo como prioridad en su vida. Los reyes anteriores habían buscado todas estas cosas a cualquier precio. Incluso recurriendo a las prácticas mágicas, supersticiosas o directamente a la idolatría descarada con sus prácticas aberrantes. Para Josafat, sin embargo, el Dios de Israel, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob era su prioridad. Él amó a Dios, como lo amó otro gran rey predecesor suyo, el rey David. Él buscó tener comunión con el Dios Santo y, para tenerla, estuvo dispuesto a sacrificar todo lo demás. ¡Josafat fue un rey humilde y comprometido con Dios! ¡Él puso a Dios en primer lugar! ¡Él no desperdició su poder y autoridad en cosas o prácticas vanas! Él encaminó su vida y la de su pueblo en la dirección correcta: ¡una relación devota hacia el Dios único y verdadero! Josafat se negó a recurrir a los “baales”, a los dioses de piedra y a sus corruptos sacerdotes. El amor de este rey no estaba desperdigado entre las diversas “deidades” de su época. Él no estuvo dispuesto a coquetear en sus altar ni a buscar cultos que fueran aceptados socialmente y que fueran populares ¡Su confianza y compromiso sólo eran con un Dios, el Dios Creador, el Dios que se había revelado a Israel!

Continuando, es interesante reparar en el versículo 4. Allí, dice que Josafat “…buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel”. Notemos, como primer punto, que el rey no buscó una religión. ¡El rey buscó a una persona, la persona de Dios mismo! Este es otro buen ejemplo. Josafat no estaba interesado en prácticas culticas, primordialmente. Él no estaba interesado en ritos externos, él – más bien – estaba ocupado en desarrollar una relación personal con el Dios Santo. ¡Él quería una relación personal con el Dios viviente! Y, el conocer a ese Dios, lo llevó a someterse a su voluntad. Por eso, leemos que él “anduvo en sus mandamientos”, porque comprendió – sin duda – que para mantener la comunión con el Dios Santo es necesario cumplir sus leyes.

Este rey, también demostró ser muy valiente y se apartó de los ídolos. En el versículo 6, leemos que: “se animó su corazón en los caminos de Jehová, y quitó los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá”. Habiendo pasado tiempo con Dios y Su Palabra, Josafat reconoció un grave problema de la nación de Judá y tomó la fuerza necesaria para cambiar la situación. Él sabía que su decisión no sería popular, pero – demostrando dotes de gran liderazgo – basó su decisión en lo correcto y no en los deseos de la mayoría. Aunque la decisión fuera impopular y pudiera traerles complicaciones a su reinado, Josafat puso en primer lugar los mandatos de Dios, fue obediente y actuó en consecuencia. No titubeo, ni anduvo con rodeos. Sabía lo que tenía que hacer y lo hizo. No midió, mezquinamente, los perjuicios que esto pudiera traerle personalmente. Y, así, arrasó con los lugares de culto pagano de una vez por todas.

Hemos visto hasta aquí, seis características de un hombre verdaderamente devoto que haríamos bien en reproducirlas en nuestras vidas. Repasémoslas. En principio, Josafat fue un hombre que anduvo en los caminos de Dios. Pero, también dijimos que este rey: se atrevió a ser distinto y moverse por sus convicciones. También comentamos que buscó a la persona de Dios y, no, simplemente una religión. Agregamos que fue una persona valiente. Fue capaz de apartarse de los ídolos y cambiar la fe de todo un pueblo. ¡Dios nos ayude a imitar este excelente ejemplo de liderazgo, de fe y de acción correcta!

Mañana, Dios mediante, continuaremos analizando el ejemplo del rey Josafat.

¡Qué la gracia y la paz de Dios sea sobre su vida!

En Cristo, Julio Fernández